Meneses, Manuel. Criminal en su contra por rapto de Manuela Reinoso, 1823. Archivo Nacional . Archivo de la Real Audiencia, v. 2940, f. 206.

El procurador de pobres en lo criminal por Manuel Meneses

Meneses, Manuel. Criminal en su contra por rapto de Manuela Reinoso, 1823. Archivo Nacional . Archivo de la Real Audiencia, v. 2940, f. 206.

"El procurador de pobres en lo criminal por Manuel Meneses calumniado de rapto y adulterio de parte de don Gerónimo Reinoso de Zelaya, contestando a la expresión de agravio de este apelante...".

Transcripción de la causa de Manuel Meneses. Criminal en su contra por rapto de Manuela Reinoso, 1823. Archivo Nacional Histórico. Archivo de la Real Audiencia, vol. 2940, pieza 6, foja 206-212.

El procurador de pobres en lo criminal por Manuel Meneses calumniado de rapto y adulterio de parte de don Gerónimo Reinoso de Zelaya, contestando a la expresión de agravio de este apelante, digo. Que la integridad de este Tribunal se ha de servir absolver a mi parte de los crímenes que se le imputen, y en su consecuencia declarar no haber lugar a la pena grave que Reinoso apetece, eximirlo aun de la pena menor apelada por el descontentadizo acusador, para que los infelices procesados amparados por la justicia laven con el matrimonio la mancha que en mejores paños se suele borrar con solo este remedio.

El acusador don Gerónimo Reinoso olvidó todos los tiernos deberes de padre por haberse entregado al furioso desdén con que la codicia humana mira al pobre, al hombre indigente. Por este principio ha perseguido al desgraciado Meneses, sin reparar en el ultraje que hacía a su propio honor en el de su hija cuyas fragilidades ha hecho correr por pluma, ojos, oídos y bufetes de tribunales, jueces, letrados, procuradores y demás subalternos.

No hay hombre que instruido de la causa no la mire con rubor e impaciencia como si fuera propia. Parricidio imperdonable, pues pudiendo curar el mal moral que lastimaba a su hija, la asesinó en su honor aparentando honor paterno, solo porque era pobre Meneses. Apuntaré con claridad la historia que el proceso presenta de los desgraciados Manuel Meneses sin "don" por pobre y doña Manuela Reinoso, hija de aquel.

Meneses, Manuel. Criminal en su contra por rapto de Manuela Reinoso, 1823. Archivo Nacional . Archivo de la Real Audiencia, v. 2940, f. 206.

El marido de ésta don Joaquín Vásquez había pasado al Perú con la expedición libertadora y entre minas y cordilleras del departamento de (...) a las cabezas de Lima, murió el oficial en manos de los enemigos. La noticia la recibió Reinoso por carta y se la comunicó a su hija. Como han venido tantos de la citada expedición, las voces de algunos llegaron también a los oídos de ésta. Quien ha probado matrimonio le apetece siempre, nada malo es, y por ello hace muy bien, este no se verifica sin el preludio de amorcillos o pasiones grandes. La Reinoso se creyó viuda y presentándosele un joven de aspecto halagüeño sintió presa su alma. No faltó a fe alguna ni delinquió en amor.

No lo primero porque le bastó la primera impresión de viudedad sin que se le pueda hacer atingencia. Ella no ha recibido correspondencia de su marido y si dijese Reinoso lo contrario pruébelo, esto bastará para presumirlo muerto y avisar el ánimo de aquella para buscar holganza honesta. Es verdad que a nadie se tiene por muerto por la sola ausencia y silencio a menos que pase el largo tiempo de diez años para una presunción de derecho. Pero el de este oficial es caso especial y distinto: hombre a guerra y en silencio se presume muerto. Si a esto le agregan los datos que maliciosamente ha negado el Reinoso padre, se resolverá el ánimo más reposado y cuerdo justamente a nuevo matrimonio sin manchar el lecho primero que ya se reputa ceniza.

Tampoco la Reinoso delinquió en amar, ya por lo dicho ya porque el joven petaquero de panadería con su propio mísero destino causó la ilusión para ser amado. ¿Y qué era pequeño objeto? Nada menos, para ojos tiernos y sensibles era encanto grande; para un alma honrada era objeto preferible: joven con aspecto recomendado que ufano con él pudo abandonarse al vicio y ociosidad, como dolorosamente lo vemos con frecuencia, llenar el primer deber de hombre andando con sus petacas haciéndose ellas la ejecutoria de su honor para merecer cualquier enlace. ¿Y sería indigno para ser amado y no capaz de llamarse hijo de don Gerónimo Reinoso?

Quien tal honor para sí tenía no podía haber pensado manchar el honor ajeno, y es positivo que doña Manuela Reinoso, joven sensible, con un corazón mostrenco ya sin dueño, fijó el suyo a la primera saeta de la vista en el honrado y pobre Meneses, ella se insinuó, se entregó, había simpatía, estaban destinados para amarse como se han amado, y por consiguiente correspondió a la joven amante. Acaso conocía insuperable a los ojos del padre la nota de pobreza y se huye con su amado, no prevé mayores inconvenientes, no las resultas actuales: ese no fue crimen si no deficiencia, enfermedad, conturbación de la razón, furor amantis.

Si Reinoso juzgase de esta defensa diría que yo me implicaba haciendo honrado y no (...) a Meneses, y luego enamorado huyendo con su querida. Sin embargo, forzosamente, es lo que digo. Hasta el momento anterior a esta pasión era todo lo dicho, eso mismo lo hacía amable pues el padre mismo se lastimaba de él y no omitió explicarse con su hija con lo que acaso encendió la primera chispa: es notable sobre esto el dato que va señalado en foja 5 vuelta. El amor, mal que acomete a la juventud, como la avaricia y la usura a la vejez, obra rápidamente y llegado el momento, incendia tanto el combustible que las leyes, los jurisconsultos equiparan al amante con el furioso y lo excusan de pena.

Si a la primera vez que fueron habidos estos tristes prófugos, sin la imprudente represa del padre a tanto ímpetu con la persecución, prisión y demás, se hubiese tratado de aplicar anodinos a la dolencia, hoy nadie sabría ni vería fragilidades amorosas que piden un velo y no la terrible publicidad del foro. La porfía, pues, de don Gerónimo Reinoso, su decisión a ocultar el caso de viudedad de su hija por no dar ingreso a la pobreza honrada de Meneses, el horror y rubor con que era natural mirase aquella al padre sin que nada de éste fuese curación del mal, tomó grados y causó una, otra, y otras fugas o más bien íntima adhesión a estar con su amante, sin que el tímido Meneses pusiese de su parte más diligencia que dejarse llevar de la corriente y puesta ya a su lado la mujer excusarla de desaires y no abandonarla. Dígase lo que se quiera, hacer lo contrario habría sido una infamia.

Meneses, Manuel. Criminal en su contra por rapto de Manuela Reinoso, 1823. Archivo Nacional . Archivo de la Real Audiencia, v. 2940, f. 206.

Esto es lo que aparece de las diligencias de foja 2 y 3 que comprueban la declaración espontánea de la Reinoso sobre su propio hecho, y va (...) con las confesiones de Meneses de fojas 6, 10 y 21. Los juzgados olvidaron algunas diligencias esenciales, y esta omisión parece se hacía obsequio del querelloso don Gerónimo porque siendo la causa de ambos jóvenes no se toma una declaración, no se evacúa una cita de las varias que hace Manuel Meneses, no se le toma confesión a doña Manuela Reinoso o una declaración instructiva para que se inquiriese el hecho que deponen los testigos referentes a ella. Todo esto queriendo sin duda el padre que los resultados cargasen solo sobre el reo y no se desbaratase su intento con la exposición franca y judicial de la hija.

Sin embargo, todo el proceso convence indubitablemente acerca del origen y progreso de hechos que se has referido, advirtiendo que los testigos mencionados son presentados por don Gerónimo quien cesó de continuar el examen sumario porque éstos le salieron contraproducentes.

A pesar, pues, de que estos hechos han sido de la hija de Reinoso, que ellos han sido efectos de una pasión, que desde el primer paso se propuso aquella contraer matrimonio como se lo expresó a Meneses, el inexorable padre acusa de rapto, de adulterio y hasta de hurto a mi infeliz defendido. Contra lo manifiesto se esfuerza a convencer que hubo seducción, engaño y persuasión a su hija, que estos lazos equivalen al rapto. Cuando las causas no se protegen de buena fe, se tropieza gravemente y se dan manotadas...

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