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Diego Barros Arana (1830-1907)

El 4 de noviembre de 1907, en Santiago, falleció Diego Barros Arana, destacado educador, historiador y diplomático, considerado uno de los principales intelectuales de Chile en el siglo XIX.

Había nacido el 16 de agosto de 1830 en una familia acomodada, su padre Diego Antonio Barros, era comerciante, y su madre de nacionalidad argentina fue Martina Arana. Estudió en el Instituto Nacional, manifestando su interés por la literatura y las humanidades. Desde pequeño demostró ser un gran lector y sistemático estudioso. Posteriormente, en sus investigaciones siguió el método narrativo aconsejado por Andrés Bello, de modo que su idea de la Historia –propia del siglo XIX– exponía y ordenaba los hechos con imparcialidad. 

Sus primeros trabajos literarios fueron la traducción de obras francesas, que aparecieron en los diarios de la época. Además, en sus años juveniles, escribió diversas biografías y comenzó su “Historia General de la Independencia de Chile”, que llegó a tener cuatro tomos, escritos entre 1854 y 1858.

El 27 julio de 1857 vio la luz el diario El País, dirigido y redactado por Barros Arana, en el cual dio a conocer sus ideas políticas y una sostenida oposición al gobierno de Manuel Montt. Paralelamente, seguía una carrera docente, ingresando como académico, en 1855, a la Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile.

En diciembre de 1858, Barros Arana debió exiliarse en Buenos Aires, Argentina, donde convivió con intelectuales y políticos, así como con algunos chilenos asilados, como Santiago Arcos y Francisco Bilbao. Un año después viajó a Europa, residiendo en Londres, París, Madrid y Sevilla, donde investigó en bibliotecas y archivos.

De regreso a Chile, continuó su labor periodística, pero orientada a la literatura. También, se reincorporó a la labor académica. En 1863 fue nombrado director del Instituto Nacional y en 1871 decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Chile. En ambos cargos realizó reformas a los programas de estudios y actualizó estatutos. “Indisputable gloria de Barros Arana es la de haber sido el introductor de la enseñanza de los ramos científicos en la escuela secundaria. A él corresponde igualmente el extrañamiento de los métodos que reputaban sólo acertada la enseñanza de memoria, y la iniciativa y la paternidad en la composición de varios textos meritísimos, que en el transcurso de los años han prestado los más provechosos servicios” (1).

Faceta diplomática

El 27 de abril de 1876, Barros Arana fue nombrado ministro plenipotenciario ante las Repúblicas del Plata e Imperio del Brasil, por el gobierno de Federico Errázuriz Echaurren. En Buenos Aires, afines de junio, ya había sostenido cuatro largas reuniones con el ministro de Relaciones Exteriores argentino Bernardo de Irigoyen, a fin de buscar una solución a la discusión por la soberanía de la Patagonia oriental, el Estrecho de Magallanes y los archipiélagos australes.

Sin embargo, las conversaciones fueron infructuosas, llegando a acuerdos que no fueron aceptados por ninguno de los dos países. En 1878, Barros Arana dejaría su misión diplomática y viajó a Europa, para volver a Chile en 1880, debido a la Guerra del Pacífico.

En 1881, Chile y Argentina reanudan las conversaciones, y Barros Arana asesora y apoya, de manera privada, al Presidente Anibal Pinto en las negociaciones-Finalmente, fue firmado el Tratado del 23 de julio de 1881.

Casi 10 años más tarde, el 13 de enero de 1890, vuelve a tomar un cargo protagónico al ser nombrado Perito de límites, el marco del tratado de 1881. Un cargo del que fue alejado por el Presidente José Manuel Balmeceda, tras declarar Barros Arana adhesión al bando contrario a su gobierno.

Su gran obra y la rectoría de la Universidad de Chile

En 1884, Diego Barros Arana publica el primer tomo de su “Historia General de Chile”, libro que terminó en 1902. Los 16 volúmenes abarcan desde la época precolombina hasta 1833.

El autor adoptó el enfoque positivista, realizando una obra sustentada en el análisis crítico de documentos escritos por sobre la tradición oral o la especulación. En sus páginas no solo detalla hechos políticos y militares, sino que incorpora la vida social, la economía, las costumbres, las leyes y el desarrollo de la producción intelectual.

Antes de finalizar este colosal trabajo, Barros Arana fue elegido rector de la Universidad de Chile, cargo que ejerció entre 1893 y 1897. “Por lo que se refería a la enseñanza universitaria, se declaraba partidario de la ampliación de los estudios a todos los ramos científicos de observación y experimentación que habían abierto nuevos horizontes y perspectivas insospechadas. La sicología fisiológica, la sociología, la filosofía positiva, la bacteriología, la química anatómica, decía, han trasmitido un impulso vigoroso al espíritu humano, y junto con al análisis espectral, con la teoría de la evolución aplicada a la explicación de los fenómenos sociales, han introducido una revolución en ciencias políticas y jurídicas, en la inteligencia de los acontecimientos pasados y en la concepción verdadera de la historia la humanidad”, señala Ricardo Donoso (2).

El 28 de enero de 1907, renunció a sus clases del Instituto Nacional, tras 44 años de docencia, debido a su delicado estado de salud. Mese más tarde,  el 4 de noviembre de 1907, fallecía en Santiago.

 

Notas:

(1) Donoso R. (1931). Barros Arana, educador, historiador y hombre público. Universidad de Chile. pág. 82,

(2) Ob. cit. Pág. 221.

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